Escrito por Sección sindical de CSI en grupo hc energía
INTRODUCIÓN
Hemos pasado el V Congreso del sindicato y ha sido un congreso con poca participación previa y acuerdos limitados, debido a la poca trascendencia de los materiales preparatorios.
El calendario y los tiempos para ponencias y resoluciones fueron desacertados, lo que cercenó la posibilidad de profundizar en algunos temas. Pensamos que faltaron ideas y debates y sobró autocomplacencia y arrogancia. Confiamos en que la nueva dirección lleve la organización a buen puerto, por el bien de todos/as.
En nuestra sección sindical, preocupó el escaso tiempo que se dedicó para el debate de la resolución sobre la energía y sobre todo la aprobación de un escrito que consideramos contraproducente. Nos resultó extraño que un congreso tan ambiguo e indefinido en tantos conceptos, fuera en cambio tan transparente en apostar por un documento que no es más que un ataque frontal a la industria en general y a la producción de energía eléctrica en particular.
Lamentamos no haber tenido éxito en el ruego que hicimos al congreso, pidiendo el aplazamiento de dicho debate, para hacerlo en mejores condiciones, máxime cuando es mucho lo que está en juego en el futuro de nuestra tierra y sentimos que la aprobación del mismo deja a nuestros representantes sindicales en una situación comprometida, sobre todo en la batalla electoral.
En este debate, los trabajadores del sector nos sentimos doblemente vapuleados. Por una parte por los empresarios, a los que nos enfrentamos desde dentro de las empresas, exigiendo la correcta aplicación de las normativas medioambientales y por otra parte por sectores de la opinión pública que criminalizan a todo el sector eléctrico, currantes incluidos, de las carencias del servicio o de los lastres de este tipo de industria.
En las próximas líneas intentaremos argumentar algunas de las razones que no pudimos desarrollar en el congreso y que sostienen nuestro punto de vista.
UNA RESOLUCIÓN SIN SUFICIENTE DEBATE
¿Otru modelu enerxéticu ye posible p`Asturies?. Sin duda, sí. Para Asturies, España o Europa, solo falta decidir cuál y a cambio de qué.
El argumento que se expone en la resolución, explica las maldades contaminantes de la producción energética de carácter térmico, para la salud de las personas que viven cerca de las plantas de producción o distribución.
Para confirmar esta tesis afirma: “la producción energética, altamente contaminante, tiene unos efectos dramáticos sobre la salud de las personas que viven en el entorno”. Prosigue el texto afirmando el incremento de las enfermedades, para resolver sentenciando que la estadísticas realizadas por el Ministerio de Sanidad, en la zona centro de Asturies, Cádiz y Huelva, la incidencia del cáncer es tres veces superior al resto de la península.
Pero eso sí, achaca estas cifras de contaminación al conjunto de la industria y no exclusivamente a la eléctrica, por eso nos desconcierta que, sólo (y exclusivamente), se carguen las tintas contra esta última, para la que se piden medidas tajantes, incluyendo el cierre de las plantas de producción.
Dentro del planteamiento de la resolución aprobada por el Congreso, hay un ataque al mantenimiento en Asturies de la industria convencional, al considerarla nociva para la salud, creadora de poco empleo y de escasa contribución al PIB asturiano, para postular su sustitución por otras fuentes de producción y riqueza, fundamentalmente del sector servicios, al que define como elemento dinamizador de la economía asturiana. También acusa a los defensores de la industria asturiana de estar lastrados culturalmente y tener la mente cerrada.
Eso es lo que dice, entre otras cosas, la resolución aprobada. Lo que no dice y se olvida de desarrollar en detalle, es el tipo de región que queremos diseñar para el futuro y como debemos articular el crecimiento económico entre los distintos sectores. Y sobre todo, que papel jugará la industria, -toda la industria-, en ese horizonte.
Tampoco profundiza la resolución en el diagnóstico de cuestiones distintas de la industrial en la lucha contra la contaminación del aire y el cambio climático, producidas por un cuestionable sistema de producción y, sobre todo por un derroche en el consumo, consecuencia directa del capitalismo que domina el mundo, cuyo fin es producir indiscriminadamente para adueñarse del mercado, sin reparar en medios, viviendo siempre sobre la espada de una crisis crónica y cíclica que, paradójicamente tiene su origen en el exceso de producción y que lleva al mundo a una carrera consumista desaforada que pueda sostener el equilibrio del sistema capitalista.
LA INDUSTRIA ASTURIANA
Desde hace mucho tiempo, Asturies es una tierra donde la industria juega un papel fundamental en el desarrollo económico. En Asturies se encuentran industrias de todo tipo, químicas, de alimentación, siderúrgicas, de medicamentos, de cristal, armamento, papel, metalúrgica, generación eléctrica, naval, del cemento,...etc. Aunque en los últimos años el sector industrial asturiano ha disminuido de forma notable, aún constituye una pata importante en el sostenimiento de la riqueza regional.
Nuestro sindicato debe tener clara la política industrial que conviene a nuestra tierra, pues como aglutinador de trabajador@s y empresas diferentes, debe buscar distintas soluciones. Cuestionar el modelo industrial sin mas, deja en la cuneta objetivos históricos de la lucha sindical, sobretodo los que venimos aplicando en la exigencia de reindustrialización, para evitar el exilio de nuestra mocedad. No podemos seguir dando tumbos y a merced de tácticas oportunistas.
Como es lógico, algunas de las afirmaciones de la resolución son compartidas por nosotros, que desde siempre hemos exigido inversiones medioambientales que minimicen los efectos nocivos de la actividad industrial en la producción de electricidad, pero apostar por el cierre de instalaciones, aún útiles, es un arma peligrosa y contraproducente.
Es cierto que en Asturies se producen 22.000 Mw. de potencia eléctrica y para cubrir las actuales necesidades de la industria y la población se precisan unos 10.000 Mw., pero denunciar exclusivamente al sector eléctrico por el exceso de producción y no hacerlo del resto de los sectores industriales, constituye un argumento, cuanto menos, agraviante.
EL AIRE QUE RESPIRAMOS
Nadie cuestiona que la industria, tiene efectos nocivos para la salud de las personas y para la naturaleza del entorno. Dichos problemas se concentran en los vertidos y sobretodo en los escapes de gases a la atmósfera, que son los que afectan al calentamiento del planeta y a la calidad del aire. Por tanto mejorar las condiciones del aire es tarea prioritaria y colectiva de primer orden. El Convenio Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático, nacido en la conferencia de Río de Janeiro en 1992 y en el posterior Protocolo de Kioto de 1997 ya se establece la necesidad de avanzar hacia políticas que estimulen el ahorro y la eficiencia energética.
Por tanto el protocolo de Kyoto constituye una base mínima de partida y la única herramienta mundial capaz de aunar decisiones contra el cambio climático de los distintos países industrializados. Desgraciadamente dicho acuerdo no solo es insuficiente, sino que encima es sistemáticamente incumplido, por lo que las consecuencias medioambientales que dañan el planeta seguirán teniendo un alto riesgo en el futuro.
No obstante en el deterioro de la calidad del aire influyen más agentes distintos de la actividad industrial, a los que queremos prestar atención. La contaminación del aire se produce como consecuencia de la emisión de sustancias toxicas a determinados niveles de concentración y exposición. ¿Pero quien contamina?.
Existen varios elementos que envenenan el aire, pero los principales y mas frecuentes contaminantes son el dióxido de carbono, las partículas en suspensión, el dióxido de azufre y el dióxido de nitrógeno.
El dióxido de carbono, (CO2), es el gas que contribuye al calentamiento del planeta y como consecuencia al efecto invernadero y al cambio climático. Se produce a partir de la combustión de combustibles fósiles, carbón, petróleo y gas natural.
No obstante existe una gran confusión sobre este gas al acusarle del cambio climático y de envenenar el aire. Es verdad que el dióxido de carbono contribuye a la modificación del clima, pero en cambio no juega, en concentraciones normales, ningún papel en la calidad de aire que respiramos, ya que su mayor efecto sobre el medio ambiente es facilitar el crecimiento de la flora. El gran problema es que las emisiones de CO2 superan con mucho la normalidad.
Las partículas en suspensión son las sustancias orgánicas dispersas en el aire, en forma de humo, polvo o vapor. Son las más influyentes en la contaminación ambiental, al ser muy perjudiciales para la salud de todos los seres vivos.
Las partículas en suspensión son las principales causantes de la neblina que corona las ciudades industrializadas, (SMOG), impidiendo la visibilidad. Provienen de diversos orígenes, entre otros de la combustión de carburantes fósiles en la industria, del diesel en camiones y autobuses, de los fertilizantes agroquímicos, de la construcción de viales, la fabricación de acero, la actividad minera, la quema de rastrojos, las chimeneas de hogar y estufas a leña,…etc.
El dióxido de azufre se produce principalmente como consecuencia del uso de calefacciones y por la combustión del carbón, sobre todo en las centrales térmicas y en ciertos procesos industriales, tales como la fabricación de papel y la fundición de metales. Es causante de la lluvia ácida, causando daños irreparables en la vegetación y los metales, así como daños severos en el sistema respiratorio.
Ocupó un lugar más preeminente hace años. Hoy su incidencia es menor debido al cambio de combustibles en las calefacciones y a la construcción de desulfuradoras en las térmicas de carbón. Paradójicamente, al combatir el azufre en las térmicas con las desulfuradoras, se da la circunstancia de que por un lado reducen el azufre, pero por otro contribuyen a incrementar ligeramente el dióxido de carbono, al disminuir el rendimiento de las térmicas, dado que una parte de la producción eléctrica de la unidad debe usarse para asegurar su funcionamiento.
El dióxido de nitrógeno proviene en su mayor parte de las emisiones provocadas por los automóviles. Constituye un buen indicador de la contaminación en las ciudades debidas al tráfico rodado. Los óxidos de nitrógeno son muy nocivos y al respirarse afectan seriamente a los tramos más profundos de los pulmones. Los más afectados son los niños y las personas asmáticas, incrementando las enfermedades respiratorias crónicas. Son precursores en la formación de ozono.
Otros gases que inciden en la contaminación del aire son el monóxido de carbono, el plomo, los CFC y el ozono.
Este repaso a los componentes que envenenan el aire, nos confirma que todos, en mayor o menor grado influimos en el mantenimiento de la calidad del aire y debemos ponernos a la tarea de cambiar costumbres que incrementan la contaminación. Limitar las alternativas a exigir que se reduzcan o eliminen las emisiones en la industria, es necesario pero insuficiente. Reducir el uso del automóvil o usar éste como medio de transporte colectivo que optimice su uso, así como usar medios de transporte público para nuestros desplazamientos ayudan en esta meta.
También tenemos la obligación de analizar el uso y/o derroche que hacemos de la energía eléctrica para ayudar a resolver, al menos en parte, este asunto. Sin duda controlando los efectos de la actividad industrial, pero apostando también, por modificar los comportamientos y prácticas perjudiciales para el medio ambiente. Debemos predicar con el ejemplo y que nuestros hábitos hagan creíbles nuestras intenciones.
En ese camino y para buscar la eficiencia, repasaremos los modelos de producción energética y si los mismos satisfacen las expectativas que necesitamos para el mantenimiento de la actividad humana, tal como la conocemos hoy.
TIPOS DE ENERGÍAS
Las energías alternativas serán el futuro modelo energético, máxime cuando sus desarrollos tecnológicos las permitan producir la misma potencia en mejores condiciones medioambientales, haciéndolas mas competitivas que los actuales sistemas de producción. Contaminan menos pero no son inocuas.
Existen distintos tipos de energías: La energía solar, o fotovoltaica hoy en Asturies es simbólica e insuficiente para responder a las necesidades productivas de la industria. Un ejemplo comparativo, para sustituir una central térmica pequeña como La Pereda, de 50 Mw., son necesarias placas solares en una extensión equivalente a 900 campos de fútbol.
Las placas solares son de utilidad para suministrar electricidad en las viviendas unifamiliares, pero insuficientes para tejer una estructura eléctrica que ponga a disposición la potencia suficiente para las necesidades de la población y de la industria, pese a que España ocupa el segundo lugar de Europa, tras Alemania, con una potencia instalada y acoplada en red de 1500 Mw.
La energía eólica se sustenta sobre grandes torres, de hasta 100 metros de diámetro de rotor y potencias superiores a un Mw. El empleo creado es interesante en la producción de las torres, pero el mantenimiento de los parques eólicos una vez construidos y en servicio es pequeño. Sus problemas medioambientales están centrados en el destrozo del paisaje por las excavadoras que hacen las pistas para que circulen los camiones que las instalan.
Debido a su escasa potencia, las empresas, con consentimiento de la administración, necesitan plantar muchas unidades y en el caso asturiano al instalar los molinos en lo alto de las montañas, hacen que su impacto ambiental sea más acusado, poniendo en riesgo el paisaje para siempre y con ello la propia marcha de la Asturias natural que conocemos.
Sorprende el entusiasmo de la administración asturiana en regular un programa de instalaciones, que en el horizonte de 2012 supondrá plantar en Asturies un parque con más de 200 torres o molinos de viento. No debemos olvidar la movilización ciudadana que exige la retirada de dichas torres en los concejos del sur occidente asturiano, núcleo principal para su instalación.
Uno de los problemas clásicos de la energía eólica es que el viento que mueve las aspas está obligado a soplar a una velocidad de 12 a 65 kilómetros a la hora y en menos o más velocidad deben pararse los aerogeneradores y como velocidad del aire es incontrolable, necesita centrales convencionales de complemento que estabilicen la potencia de la red.
Desgraciadamente todas las tecnologías para producir energía tienen consecuencias negativas en el medioambiente. La energía eólica no es una excepción. Contaminan los residuos de los generadores, el ruido de sus aspas y el impacto para la fauna salvaje, especialmente las aves.
Empiezan a desarrollarse proyectos que tienden a aprovechar la energía de las mareas en la producción de electricidad. Tecnológicamente se denomina columna de agua oscilante y es previsible que se incrementen en el futuro, ya que un estado como el nuestro, rodeado por tres mares y con más de 7000 Km. de costa, tiene un potencial grande en la consecución de esta fuente energética. Seguro que este tipo de producción eléctrica tiene también su impacto medioambiental.
Igualmente afirmar, como hace la resolución, que las energías alternativas suponen la democratización del sector eléctrico, sin explicar que las energías renovables descansan en manos de multinacionales, es ocultar información relevante. Conviene saber que todos los proyectos de inversiones en Asturies para acometer los veintiún nuevos parques eólicos, son solicitados por cuatro empresas y también que las grandes empresas, del sector de la construcción y de sectores industriales ajenos al sector eléctrico, están aterrizando en el sector de las energías renovables con múltiples proyectos de cogeneración que les permite acaparar casi todo el mercado, dejando una parte ínfima del pastel eléctrico a los consumidores, centrado exclusivamente en placas solares para viviendas.
HABLEMOS DE FUTURO
Desde nuestra sección sindical siempre hemos luchado por reivindicar la aplicación de las tecnologías en las instalaciones industriales que aminoren sus efectos dañinos. Apostamos por una política medioambiental que implique más profundamente a la sociedad para velar por la calidad del aire y de los vertidos.
Igualmente, exigimos el cierre de instalaciones que ya no cumplan con las condiciones mínimas de eficiencia. Demandamos inversiones tecnológicas que reduzcan el máximo posible los efectos perniciosos de la actividad industrial en general y de la producción eléctrica en particular. Pero dicho esto, pensamos que no es bueno cerrar una fuente creadora de empleos sin sustituirla convenientemente por otra, pues nos recuerda el estado actual de las cuencas mineras, que sin duda han mejorado sus condiciones medioambientales, pero al enorme precio de cerrar las minas y destruir el empleo en la comarca, ya que no se crearon nuevas empresas que tomaran el relevo.
Dentro de las alternativas industriales previstas para los próximos años, asusta la improvisación política que funciona sin criterio estratégico y a golpe de ocurrencias. Apoyamos que Asturias disponga de un plan energético regional, precedido de un debate social y político, que busque el consenso y que impida tanta insensatez. Plan que por otra parte, únicamente puede ser orientativo, dado que el actual marco legal, impide planificar la generación, reservando al gobierno central, la planificación de las redes de transporte.
En esa necesidad de sacar conejos de la chistera está la regasificadora prevista para Gijón, que nos parece ilógica, si nos atenemos a las necesidades energéticas asturianas. Los datos dicen que las inversiones y estrategias estatales hacen inviable la oleada de centrales de gas en Asturies, o sea que el almacén de gas previsto en el Musel, con sus enormes dimensiones y el riesgo para la población de Gijón, se hace para abastecer las insuficiencias gasisticas de otras zonas del país.
El proyecto de la regasificadora se aprobó sin informar a los vecinos sobre su peligrosidad y por presiones políticas encaminadas a justificar la ampliación del puerto del Musel. Ni la regasificadora, ni las térmicas de ciclo combinado aparecían en los planes energéticos nacionales y solo se contemplaban las últimas en zonas deficitarias en energía eléctrica.
Por último, no debemos perder de vista la campaña en apoyo a la energía nuclear que la patronal y sectores de la clase política están haciendo debido al encarecimiento del precio del petróleo, reivindicándola como herramienta productiva, útil e inacabable para producir energía eléctrica.
Esta cruzada de defensores pro nucleares nos ponen el ejemplo de Francia, que con su potencia instalada de 59 unidades nucleares, les suponen un 80 % de sus necesidades energéticas y del Reino Unido, que aspira a ampliar sus 10 centrales nucleares con la construcción de 8 mas. También ejemplarizan con Japón, Alemania,…etc. Actualmente son más de 400 las centrales nucleares que existen en el planeta y los planes previstos pasan por incrementarlas.
Como es lógico, nos hablan de sus beneficios para las emisiones de Co2 a la atmósfera, pero olvidan señalar sus mortales riesgos, tanto en caso de fuga o accidente, como en el tratamiento de los residuos. Los recientes casos en Vandellos y Ascó, así como las múltiples deficiencias en las nucleares francesas, rusas y americanas, así lo corroboran. La información sobre los accidentes que facilitan las empresas propietarias de las centrales nucleares es deficiente y mezquina y los planes de emergencia previstos para las poblaciones aledañas apenas se activan, por lo que deben incrementarse los controles sobre las mismas por el enorme riesgo que tienen.
ALGUNAS PROPUESTAS PARA ANDAR EL CAMINO
Desde la CSI en Hidrocantabrico pensamos en algunas medidas que deben abordarse para el futuro y sobre las cuales deberían girar nuestras iniciativas y esfuerzos.
A MODO DE DESPEDIDA
La energía es esencial para la vida y se ha convertido en un recurso estratégico fundamental. La falta de acceso a la electricidad es uno de los factores claves para perpetuar la pobreza en el mundo, aunque hoy sabemos que el incremento del consumo energético no lleva necesariamente apareado un mayor bienestar, más bien es un síntoma de ineficiencia.
La generación de energía es siempre fuente de problemas e inconvenientes, pues ninguna tecnología es inmune, si bien unas contaminan más que otras. El consumo eléctrico hoy es muy elevado y los picos de consumos eléctricos que hace unos años estaban ligados al frío invernal, hoy también se producen en periodo estival, ligados a los equipos de aire acondicionado.
La liberalización del sector eléctrico establecida con las políticas del PP y el PSOE hace unos años, ha consistido en vender las empresas energéticas y eléctricas públicas, dejando al sector en manos privadas, lo que supone un grave inconveniente para racionalizar el sector. El Estado debe coger las riendas del problema e implicarse más en la toma de decisiones.
La discusión sobre la eficiencia energética y el cambio climático animan los debates de la sociedad y es importante participar con objetivos sensatos y creíbles que nos permitan dar alternativas sindicales. Son muchos los retos para el futuro y las soluciones preferibles pasan por la gestión de la demanda, el ahorro y la diversificación y planificación energética.
Está claro que el modelo energético que conocemos está condenado a desaparecer y que estamos avanzando hacia el crepúsculo de los combustibles fósiles en la producción de energía. También que el futuro nos traerá otras fuentes de producción energética menos agresivas con el planeta, pero el carbón y el gas aún seguirán constituyendo una parte importante en la producción de energía en el futuro inmediato.
Debemos seguir el debate energético con constancia en las distintas reuniones internas. Debemos esforzarnos en lograr que sean más los puntos que nos acerquen de los que nos separen y tenemos la obligación de consensuar tácticas políticas y sindicales que nos ayuden en las empresas y las poblaciones.
Para terminar, queremos que el sindicato conozca esta reflexión, que es la que guiará nuestros pasos en estos temas y con la que actuaremos en consecuencia.